viernes, 19 de marzo de 2010

Sabrina Jeffries - Trilogía Lores

03 - Lord Peligroso.


Para evitar que una querida amiga se case con Ian Lennard, el notorio Vizconde St. Clair; Felicity Taylor revela su sombrío pasado en su anónima crónica social de Londres. Pero la intrépida señorita nunca imaginó la rabia de St. Clair; y el peligroso calavera necesita rápidamente una novia y un heredero. Amenazada con ser desenmascarada y arruinada, Taylor no tiene otra opción que casarse ella misma con el apasionado Lord. Ian necesita una esposa simplemente para asegurar su fortuna, pero en Taylor encuentra su pareja, que le iguala en ingenio y pasión. ¡Y no hay mayor peligro que la posibilidad de enamorarse de su nueva esposa!

Mio

Susan Wiggs - Trilogía Tudor Rose

01 - Por Orden del Rey.

Un poderoso rey los obligó a unirse. El rey Enrique VIII, que nunca olvida un desaire, busca vengarse de Stephen de Lacey, el apuesto y desafiante barón de Wimberleigh. Cuando una ladrona zíngara interrumpe la cacería del rey, Enrique ve el modo de doblegar al aristócrata: le da a Stephen a elegir entre casarse con la desvergonzada muchacha o ver cómo la ahorcan. Stephen no quería tener nada que ver con su inoportuna novia gitana, aun cuando se da cuenta de que Juliana es una princesa de una tierra lejana, que huye de la quema de un letal levantamiento. Pero con cada día que pasa, ella está más cerca de su corazón… y del secreto que podría destruirle. Una fuerza misteriosa del pasado de Juliana amenaza la vida que han construido juntos y es entonces cuando ambos descubren que sólo aunando fuerzas podrán superar todos los obstáculos.

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Gayle Wilson - Histórica

El Primer Baile.

Justin Tolbert era un héroe de guerra y el nuevo conde de Wynfield, pero no el mismo hombre que lady Sarah Spenser había conocido...De repente, Sarah recordó vívidamente la noche en que había bailado con él por primera vez. El salón de baile londinense rebosaba de invitados y el calor resultaba asfixiante. Justin iba de uniforme, y el traje de su regimiento realzaba la perfección de su cuerpo y su rostro todavía juvenil. Sarah pensó entonces que no había hombre más apuesto en toda la estancia. Aceptó su mano con agrado y, cuando sonaron las primeras notas, se dejó llevar en sus brazos. Sus pasos se acompasaban a la perfección, casi sin pensar. Y bailaron juntos como si hubieran sido creados sólo para eso...


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