
El último trabajo que habían asignado a la detective privada Elain Owen la estaba volviendo loca. A medida que intentaba resolver el misterio, la lista de sospechosos crecía cada vez más. ¿Cómo iba a poner en su informe que los culpables eran un fantasma travieso y una gata aficionada al whisky?Para complicar las cosas, estaba el irresistible Math Powys. Como propietario del local incendiado, y poseedor de una póliza de seguros, él era el principal sospechoso. Sin embargo, el corazón le dictaba que no podía ser culpable. A no ser que lo acusaran de provocar un incendio en ella cada vez que la miraba...
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